Documento sin título
 

Bienvenidos a Arteterapia Asoc. Argentina

 

"Desde hace más de veinte años utilizando, investigando y difundiendo el Artetrapìa en la Argentina"

El jueves 15 de Noviembre de 2007, se presentó formalmente en el Hotel Bauen de Buenos Aires, la Asociación Argentina de Arteterapia, a continuación se reproduce el discurso de apertura ofrecido por su primer presidente, el Dr Carlos Caruso.

La presentación pública de la Asociación Argentina de Arteterapia, representa no sólo para mí, sino para todos quienes conforman la actual Comisión Directiva, la culminación de un largo proceso de transformación personal y profesional.

Hace casi quince años, comencé a unir dos mundos hasta ése momento separados: el arte y la ciencia. La música era para mí el ámbito de la creación, la diversión y la belleza y no quería mezclarla con la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, ámbito de la medicina. Pero el fracaso en el tratamiento de algunos pacientes con las prácticas psicoterapéuticas habituales me llevó a reflexionar y luego a ampliar mis posibilidades técnicas. Comprobé que podía ayudar y mucho utilizando la música en los tratamientos. Es más: a veces era la única manera en que se podía ayudar a algunos pacientes. Ahí ya no dudé en unir la música a la medicina, pero con la promesa a mí mismo de no abandonarla jamás como mi ámbito de creación, diversión y belleza. (Eso no hace más que reafirmar aquello de que “La caridad comienza por casa”). Pero hay algo implícito que es importante destacar: es necesario cultivar un arte seriamente, conocerlo y ejercerlo. Para emplear arteterapia hay que saber tanto de arte como de terapia.

Quienes me acompañan en la conducción de ésta Asociación, han transitado todos por caminos más o menos similares.

En el año 1994 ocurren dos hechos importantes: 1) Se inaugura la Carrera de Musicoterapia en la Facultad de Psicología de la UBA, donde me incorporo como docente y 2) propongo la creación de un Capítulo de “Arte y Psiquiatría” en la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), iniciativa que se aprueba y lugar desde el cual venimos trabajando ininterrumpidamente desde entonces, presentando cada año mesas redondas, paneles, talleres, cursos y trabajos de investigación teóricos y clínicos en los Congresos Argentinos de Psiquiatría y Jornadas científicas de distintas ciudades de nuestro país. En los últimos cuatro años, además, hemos brindado un Curso de Introducción a la Psicoterapia por el Arte y participado en algunos Ateneos Clínicos del Curso Superior de Formación de Médicos Psiquiatras de APSA.

Lo que nos propusimos es difundir entre los profesionales de la salud mental no sólo las posibilidades que brinda el arte como técnica de tratamiento de diversas patologías, sino su rol fundamental en el mantenimiento de la salud y en la prevención de las enfermedades. Y en esto no hacemos sino recuperar y actualizar, en forma científica y ya no empírica, el conocimiento milenario que se fue sedimentando en el desarrollo de la cultura humana y que ha sido ignorado por el positivismo, tan embelesado por la técnica que equipara a los seres humanos con las máquinas.

En el año 1996 ocurre otro hecho importante. Fue aceptado el trabajo que propuse al Congreso Mundial de Musicoterapia en Hamburgo, al cual concurrí. Ahí me llevé dos sorpresas. La primera es que de las 293 ponencias que se presentaron, la mía era la única referida a la utilización de la música en los trastornos psicosomáticos. Llamó mucho la atención, hubo una concurrencia masiva y hubo alguien que se acercó a decirme porqué no escribía un libro sobre el tema. (Efectivamente, al año siguiente escribí y presenté mi libro). La segunda sorpresa fue que ahí me di cuenta de todo lo que nosotros sabíamos y ellos ignoraban. Cuando digo nosotros es porque yo no fui solo, fui acompañado por quienes fueron, en forma directa o indirecta,  mis maestros aquí en Argentina y me trasmitieron no sólo conocimientos específicos sobre un tema, sino también otra visión de las cosas que iba más allá del recorte de una especialidad. Me refiero a Pichón Rivière, Goldenberg, Blejer, Liberman, Bauleo, Gilabert, Vayo. Era mi primer viaje a Europa y estaba apabullado por la constatación del origen de la cultura occidental. Pero, sin embargo, me di cuenta que nuestra visión era más amplia, relacionante, incluyente y eso permitía comprender muchas cosas que de otra manera era imposible. Eso fue lo que les llamó la atención, que yo no me detuviera sólo en el aspecto biológico y psicológico de las psicosomatosis, sino que las contextualizara en lo social, cultural e histórico, así como no me detuve sólo en el efecto curativo de la música sino que indagué en la causas neurobiológicas del mismo. O sea juntar en lugar de separar, vincular en lugar ignorar.

Desde ese momento seguí profundizando y actualizando conocimientos en las neurociencias: ¿cómo y porqué la música podía curar? Y de la música en particular pasé al arte en general ¿Qué era el arte, que función cumplía en la cultura humana?
En 1999, ocurrió otro hecho importante. En el Congreso Mundial de Musicoterapia, en Washington, EEUU, a los demás países nos dieron lugares no centrales. Era un congreso de norteamericanos para norteamericanos, donde el resto de los países participantes éramos una especie de observadores o “convidados de piedra”. Allá no hay traducción simultánea como aquí. Argumentan que los traductores son muy caros. Si uno no habla el idioma de ellos está frito. Sin decir nada, sólo con hechos concretos nos comunican: “Yo no hago ningún esfuerzo por enterarme de lo que quieres decir. No me interesa. Si te importa que te escuche, moléstate y aprende nuestro idioma”.

El lema del Congreso era “Muchas voces y una sola canción”. ¡Que lindo! ¡Todos unidos por la música! ¡Las diferencias de culturas, sistemas políticos, enfoques filosóficos, superados por la magia de la música!...Pero el contexto del Congreso me hizo pensar más detenidamente y me di cuenta que nosotros éramos quienes cantaban y que la canción la ponían ellos. Ellos determinan qué canción debemos cantar. En otras palabras, era la puesta en práctica de la llamada “globalización” en el campo de la musicoterapia. (Al respecto, la mejor definición de globalización se la escuché a Tito Reyes, que fue cantor de Aníbal Troilo y falleció hace poco. Dijo: “La globalización es “el globo” que nos metieron”). Desde ése momento asumí la firme determinación de que debíamos defender activamente y difundir nuestra identidad nacional y nuestra producción cultural y científica, porque ellos nos ignoran muy activamente.

En el Congreso Mundial de 2002, en Oxford, Gran Bretaña, presenté mi trabajo “El candombe y su relación con el inconsciente” y en el siguiente, en 2005, en Queensland,  Australia, “La otra cara del tango. Cinco diferentes usos terapéuticos del tango”, con el deliberado propósito de hablar de nuestra cultura, nuestra problemática y de ritmos musicales argentinos, creados en ésta parte del mundo. Tuve que molestarme y aprender inglés, pero ¡valió la pena!

Quería contribuir humildemente a que sean un poco menos ignorantes. Y esto lo digo sin soberbia, con la conciencia de lo necesario que es emprender acciones concretas que se opongan a la determinación de “borrarnos del mapa”.

De hecho, en ambos casos dio un resultado mayor al esperado. El público asistente se mostró muy interesado, manifestó su deseo de escuchar más música, hizo preguntas. Al final manifestó su satisfacción con nutridos aplausos. Eso demuestra que no eligen ignorar,  que están ávidos y abiertos a conocer cosas nuevas, pero son víctimas ellos mismos de políticas culturales que les son impuestas.
Nuestro contexto cultural e histórico es diferente del de los países más desarrollados y hegemónicos. No podemos, porque no nos sirve, aplicar aquí de manera no crítica los conocimientos que se desarrollan allá. Quizás es más posible a nivel biológico (una vacuna) que a nivel psicológico (un test), pero menos aún en el nivel sociocultural, que es el ámbito del arte y la terapia.

Tenemos una diferencia fundamental con el criterio anglosajón de Arteterapia, que para ellos es exclusivamente referido a la actividad plástica y para nosotros abarca a todas las actividades artísticas. Nuestro punto de vista coincidió, además, con el utilizado para organizar el Primer Congreso Mundial de Arteterapia, en Budapest en el año 2003: títeres, dramatizaciones, danza, literatura y poesía, cerámica, escultura, música, decoraciones, etc. además de dibujo y pintura.

En setiembre de 2001, ocurrió otro hecho importante. Luego de participar en las Jornadas de Primavera del Capítulo “Arte y psiquiatría”, el Dr. José Bozzo, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Británico de Bs. As. me convocó a que junto a él organizara el Centro de Terapia por el Arte, primero y único en su tipo en un hospital general en Argentina y Latinoamérica. El Centro comenzó a funcionar en julio de 2002 y lo coordino desde entonces. Las Jornadas de Primavera comenzaron con 30 participantes y el año pasado y éste, ya hubo más de 120 concurrentes.
Hacia el final del año 2005, ocurrió otro hecho importante. Por iniciativa de la Lic. Judith  Mendelson y el Lic. Luis Formaiano decidimos crear la Asociación Argentina de Arteterapia. Nuestra idea era nuclear a los distintos profesionales de la salud que utilizan el arte en sus prácticas y técnicas terapéuticas en nuestro medio, en distintos lugares de nuestro país y vincularnos con quienes lo hacen en otros lugares del mundo.
Tener un lugar de encuentro, acopio e intercambio de información y bibliografía, compartir experiencias clínicas, recibir sugerencias, aprender y enseñar.

Conocemos y valoramos a quienes nos precedieron en ésta tarea en nuestro país, algunos hace casi cien años, aunque no se tuviera en aquella época la conciencia de la importancia de ésos emprendimientos aislados ni se los llamara arteterapia. Pero fueron abriendo un camino que cada vez ha sido más y más transitado.
Presentamos nuestra solicitud de personería jurídica a la Inspección General de Justicia (IGJ) y ésta denegó la denominación Argentina, aduciendo que debíamos haber desarrollado actividades en distintos lugares del país, exigiendo certificaciones que lo demostraran. Insistimos y presentamos lo solicitado porque lo teníamos: actividades en Tucumán, Santiago del Estero, Rosario, Tandil, Mar del Plata, Necochea, etc. Finalmente fue aceptado nuestro pedido. Más allá del fastidio que la gran demora pueda habernos causado, el celo puesto por la IGJ garantiza que la personería jurídica no se le otorga a cualquiera y se cercioran de la seriedad y veracidad de lo declarado.  

¿Porqué Arteterapia? ¿Porqué pensamos que cada vez será más necesaria la terapia a través del arte? Porque estamos en un contexto histórico y cultural que niega cada vez más lo individual con la ilusión del individualismo, provocando niveles de insatisfacción cada vez más altos, donde las emociones son un estorbo del cual hay que desprenderse lo más rápido posible. Porque la cantidad, calidad y velocidad de los cambios impuestos y no deseados provocan desarraigo e incertidumbre crecientes.

Se pretende, en forma inútil, controlar ése “malestar en la cultura” con psicofármacos. Se nos retacea la posibilidad de reflexionar seriamente sobre conflictos y problemas de nuestra realidad, expresándonos y compartiéndolos con otros para encontrarle soluciones. Se pretende “entretenernos” o “distraernos” de ellos “pelotudeando por un sueño” o “espiando en la casa del gran hermano”, para constatar la pequeñez  humana donde los excluidos votan para excluir a otros. No hay espacio social para hablar y ser escuchado. La sensación es que es inútil hablar. 
Por eso es cada vez más necesario el arte. Es preciso comunicar contenidos emocionales. No se puede negar la condición humana sin un costo altísimo que se manifiesta en sufrimiento, enfermedad, locura y muerte. Si las emociones se “desconocen” (en el doble sentido de no ser tomadas en cuenta e ignorar acerca de ellas) y no se pueden manifestar normalmente y en salud, entonces lo harán anormalmente y patológicamente.
No es casual que la terapia a través del arte se haya desarrollado, en la cultura occidental, luego de las dos guerras mundiales. Es cuando el nivel de agresión y destrucción de unos seres humanos sobre otros alcanzó su apogeo. Es cuando no había palabras o las palabras no alcanzaban para expresar tal nivel de destrucción y pérdidas. Y cuando las palabras no alcanzan, ahí está el arte. Aún en las condiciones más adversas, en el límite con la muerte, el arte ayudó a sostener la esperanza y a sobrevivir.

En Auschwitz hubo dibujos, pinturas y poemas. En la ESMA hubo regalos de fin de año clandestinos hechos con recortes de diarios; piezas de ajedrez confeccionados con papel, para jugar a escondidas. Theodor Adorno se preguntaba si era posible la poesía después de Auschwitz. No sólo es posible ¡Más que nunca es deseable y necesaria!

En el año 2001, Juan Falú, el magnífico guitarrista tucumano, que tiene un familiar desaparecido, expresó: "Para transitar desde el dolor hacia la conciencia son imprescindibles las manifestaciones del arte, mucho más que las de la política. La mejor transmisión de mi dolor personal pude lograrla a través de una canción. No es casual que un importante caudal de hijos de militantes de los años 70 desarrollaran con alguna pasión alguna vocación artística. Si el discurso político es mentiroso en el presente, es porque especula con un olvido del pasado. Hasta la restauración del discurso político, habremos de inundar esta tierra de cuentos, novelas, cuadros, películas y canciones".

Sabemos que el efecto de la violencia no es sólo el máximo provocado por las guerras. Hay violencia social, política, cultural y económica de efectos cotidianos y continuos.
Por eso, en las patologías más graves y complejas, cuando los “traumas” son tan tempranos que ni el sistema nervioso y menos aún el psiquismo están lo suficientemente desarrollados como para poder asimilarlos y procesarlos; cuando el lenguaje aún no existe como medio de comunicación, las terapias basadas en la palabra no alcanzan o fracasan.

Por eso la necesidad de la terapia a través del arte, que no es superchería, magia o esoterismo. Ya las neurociencias, a través del funcionamiento en red de los sistemas neurovegetativo, endócrino e inmunitario, permiten explicar científicamente cómo y porqué el arte cura, conserva la salud y evita la enfermedad.  
Pero no nos creemos dueños de “la herramienta final y total” ni mucho menos. Sabemos que hay muchos conocimientos que aún nos faltan, que debemos investigar y constatar, que no hay teoría ni escuela que lo explique todo, que distintos métodos y técnicas pueden ser útiles, dependiendo de la calidad del problema y de la personalidad y la historia de quien lo padece. Ya hemos visto cómo se diluyeron explicaciones que parecían eternas, cómo los profesionales universitarios son tan sensibles a las ideas de moda como cualquiera. Sabemos que los conocimientos humanos son provisorios y avanzan lentamente y debemos tener una actitud abierta y actualizarnos permanentemente. ¡En fin!, la experiencia nos ha vuelto cada vez más humildes.  

Somos conscientes que la salud humana es el  resultado final de múltiples factores concurrentes y que los profesionales de la salud no bastan, por mejor que ejerzan sus tareas, para conservarla o repararla. 
Hace casi sesenta años, el Dr. Ramón Carrillo dijo su famosa frase: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causa de enfermedad, son unas pobres causas”.

Actualizando la frase diremos que no hay salud sin libertad, sin democracia, sin respeto por los derechos humanos, sin una racional distribución de la riqueza y sin un desarrollo económico sustentable que respete a la naturaleza.
Con éste enfoque de la realidad, con la certeza de contar con un medio terapéutico superador, con entusiasmo y decisión, enfrentamos el presente mirando al futuro y le damos la bienvenida a todos aquellos que quieran compartir esta hermosa tarea, intercambiar experiencias y conocimientos y difundir éstas posibilidades.


Muchas gracias.

 
Ciudad de Buenos Aires | Argentina                                                             Facebook | Blog | E-mail: info@asoarteterapia.org.ar    
Copyright 2009 | Asociación Argentina de Arteterapia | Todos los Derechos Reservados | Diseño Web
Google
www www.asoarteterapia.org.ar